Panorama Cajamarquino

El diario de la integración regional

9 de Febrero de 2012

Volverán las oscuras mesas de diálogo a fracasar

Editorial »  20/may/2010  » 9 vista

La mesa de diálogo se ha convertido en un buen pretexto para no llegar a ningún acuerdo. Sea para bien o para mal, las mesas de diálogo sólo han servido para dilatar el tiempo, y hacer la vida de los simples ciudadanos, más complicada de lo que ya es.

Al pan, pan y al vino, vino. Así de simple, ¿de qué han servido las mesas de diálogo en el país? De nada, de poco, de nada y de poco. Esa es la constante, ese es el ciclo de las cosas en el país, donde impera el diálogo y faltan las soluciones reales a los problemas reales.

No inventemos la pólvora, no inventemos la brújula, ya fueron creadas hace siglos. Los problemas en el país tienen una gran matriz: la desigualdad.

Esa desigualdad que se manifiesta en el abuso del poder de los pocos y en el placer de humillar a los muchos. No hay equidad, no hay orden, no hay atención a los reales problemas sociales.

En campaña electoral lo que abunda es el insulto, el menosprecio, la morbosidad. Eso gusta, eso vende, y mientras más conflicto, más vende, y más figuretismo, y más mesas de diálogo.

Volverán a fracasar las oscuras mesas de diálogo en el país, en este país donde muchos conocen algo de español, otros algo de quechua, aymara o huitoto, pero no llegamos a entendernos por más que nos sentemos alrededor de una mesa.

La mesa de diálogo nació muerta en el Perú. No es ser pesimista, es ser, sencillamente, mirar con cosas con el cristal de lo real y lo concreto. A nada nos ha conducido la mesa de diálogo en el Perú.

Siempre han primado los intereses subalternos de representantes de los representantes de las empresas y el Estado, siempre han reinado los arribistas políticos que por el afán de protagonizar episodios que los catapulten fracturan el diálogo adrede, lo mismo sucede con los representantes de los representantes de… quienes por el interés de quedar bien ante sus jefes proponen tiranías utópicas que no conducen a nada más que al rechazo y la humillación de los entes discrepantes.

El verdadero diálogo significa concesión de ambas partes, sin entreguismo pero con dignidad, poder dialogar y llegar al consenso mutuo que tenga una repercusión inmediata en toda la sociedad.



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