Usted no es Papá Noel
Pretendemos que el fin de año sea un cierre con broche de oro, como si asistiéramos a la Nochebuena de nuestras vidas, y como en todo final (de año) feliz decidimos “botar la plata por la ventana”. Se organizan reuniones con la gente del trabajo, donde se intercambian regalos con el “amigo secreto”, se improvisan adelantos de la cena navideña, mientras nos rodean millones de lucecitas, canciones navideñas y la compañía de ese personaje colesterólico, enfundado en su traje rojo como un jamón del país. Entonces, ebrios de navidad, también nosotros queremos imitar el “espíritu navideño” de ese buen hombre y la emprendemos contra nuestro aguinaldo y nuestro sueldo, que para este fin resultan minucias.
Pero afortunadamente contamos con nuestra tarjeta de crédito, nuestro dinero plástico, para seguir dando cumplimiento al espíritu que ya nos ha desbordado. Aturdimos y al no ver el detrimento de nuestro patrimonio, ya no pensamos en nada más que pasar la mágica tarjeta, y firmar los vouchers logrando fraccionar el pago en varias cuotas. Así asistimos al final, pero no sólo del año, sino al final de nuestra tranquilidad personal y económica.
Es por lo cual recientemente la SBS (Superintendencia de Banca, Seguros y AFPs) ha lanzado la campaña “Los regalos se comparten las deudas no”. La finalidad es clara: evitar ese desarreglo navideño. Y es que a la hora de comprar no medimos nuestras fuerzas, y lo peor es que como pensamos pagar en cuotas vemos lejos el pago y “así no lo sentimos mucho”. Desafortunadamente la realidad es otra. La gran mayoría de usuarios de tarjetas de crédito no saben lo que van a pagar por el uso de ellas. Muy pocas saben el monto de los intereses compensatorios, y casi nadie: el de los intereses moratorios, de las indescifrables comisiones, mantenimientos, gastos y otros conceptos que muchas veces representan elevadas sumas de dinero.
Así pues, si Ud. pretende emular al habitante del Polo Norte (a propósito, ¿cómo la pasará con esto del calentamiento global?), lo único que conseguirá es tener las mejillas rojas, pero de vergüenza, si es que la tiene, cuando vayan a golpearle la puerta los amables cobradores; ni la enorme panza, ni la sonrisa jojojovial, tal vez sí muchas canas y una barba sin afeitar, pero no porque así lo quiera.
Evite pues situaciones que luego lamentará, tómese un tiempo y planifique sus gastos, pagué deudas anteriores y sobre todo trate de destinar su dinero al ahorro, pues como dice el sabio refranero popular “hay que guardar pan para mayo”.
Por: Henry E. Silva Trujillo – Abogado
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