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Opinión » 30/ago/2010 » 4 vista
Alejandro Toledo estuvo en el Cusco, sondeando una región donde su popularidad es baja. Hoy día estará en un mitin en Villa El Salvador.
Como todo candidato que se respete, Toledo dice que no es candidato. Pero todo hace suponer que postulará a la presidencia el 2011.
Cuando terminó su mandato, pocos podían suponer que eso ocurriría. Pero en el Perú suceden las cosas más extrañas. Sobre todo con los ex presidentes.
Todos vuelven
Manuel Prado (1939-1945) se fue al extranjero cuando terminó su mandato. Nadie podía pensar que sería presidente otra vez. Pero cuando el dictador Manuel Odría fracasó en su intento de reelegirse en 1956, Prado regresó de Europa y con el apoyo del Apra ganó otra vez.
Una situación excepcional, sin duda.
Fernando Belaunde (1963-1968) fue derrocado por un golpe, cuando estaba jaqueado por una oposición implacable (es lo mejor que sabe hacer el Apra) y agobiado por una gran impopularidad. Los militares se quedaron doce años.
E increíblemente Belaunde regresó del extranjero en olor a multitud para ganar cómodamente en 1980, aprovechando el descontento con los militares que lo habían derrocado.
Una situación excepcional, sin duda.
El caso más espectacular ha sido el de Alan García (1985-1990). Creador de una inflación monstruosa que desquició el país y empobreció a millones de peruanos, permitió el crecimiento del terrorismo y la violación de los derechos humanos y lideró el saqueo del Estado en uno de los gobiernos más corruptos del que se tenga memoria.
Huyó al extranjero perseguido por Alberto Fujimori, a quien había ayudado a ganar la presidencia. Y triunfó en 2006 porque era el “mal menor” frente a un Ollanta Humala chavista y socialista.
Una situación excepcional, sin duda.
Normalidad
La historia reciente nos muestra que en el Perú lo excepcional es normal. Todos los presidentes electos que han postulado nuevamente han ganado otra vez.
No es el caso del general Francisco Morales Bermúdez (1975-1980), que intentó regresar por la via democrática, pero fracasó.
Valentín Paniagua (2001-2002) fue un excelente presidente, pero no fue electo. Había llegado al Congreso (con una magra votación), desde donde accedió a la presidencia. Honesto, demócrata y con ideas, no era atractivo para el votante peruano, y no le fue bien el 2006.
¿El pasado fue mejor?
La obvia ventaja de un ex presidente es que muchos lo conocen.
En el Perú hay, sin embargo, un elemento que no es común en otros países: la política, por lo general, empeora de periodo en periodo. Por lo menos esa es la percepción de mucha gente.
Así, hoy día se revaloran algunas cosas del gobierno de Toledo, comparándolo con el de García.
La corrupción ha prosperado mucho más que la economía, como era de esperarse. Los apristas, que saquearon el Estado en su primer gobierno, hoy lo han desvalijado a su gusto, con más experiencia y con más fondos públicos que succionar.
Los corruptos del gobierno anterior son “pájaros fruteros”, como los calificó Ronald Gamarra (ex procurador anticorrupción), comparados con los tiburones actuales.
El sistema anticorrupción que se gestó en el gobierno de Paniagua continuó y mejoró en el de Toledo, lo que permitió, por primera vez en la historia, procesar y encarcelar a los cabecillas fujimoristas, incluidos generales, almirantes, ex ministros, empresarios y, finalmente, extraditar al propio Alberto Fujimori y ponerlo en el lugar que merece.
Es verdad que al final Toledo se fue enredando en maniobras poco claras, y que la lucha anticorrupción decayó. Pero comparado con un gobierno que apaña, protege y propicia la corrupción, la diferencia es notable.
Seguridad por los suelos
En otros aspectos, las cosas han empeorado también. La seguridad, por ejemplo, es un desastre y las medidas demagógicas del gobierno no solucionarán nada.
Es verdad que Toledo no le dio la debida importancia al tema y dejó que se abandonara la indispensable reforma de la Policía. Pero nada como lo que ha hecho García, graficado en la reciente destitución del general Eduardo Arteta –eficiente y honesto– y el respaldo al general Bruno Debenedetti, acusado seriamente de corrupción.
Un efecto de esa desastrosa política será posiblemente que el crimen organizado haya capturado importantes posiciones en la Policía y los organismos judiciales al terminar este gobierno.
Un gran obstáculo
Así las cosas, Toledo tiene posibilidades el 2011. Si logra posicionarse en el centro izquierda y presentarse como una alternativa razonable al regreso de la corrupción fujimorista y la incertidumbre que pueden significar Ollanta Humala y Luis Castañeda (“más vale malo conocido que bueno por conocer”), su opción es interesante.
El principal obstáculo que tendrá en su camino es, sin duda, Alan García, que tratará de impedir su triunfo con todas las armas a su alcance, sobre todo las sucias.
Como le dijo a una delegación chilena que lo visitó, los candidatos de García son Keiko Fujimori y Luis Castañeda. Tendrán todo el apoyo.
Pero García no es infalible, como se acaba de comprobar con la derrota de su candidato Alex Kouri en Lima.
Por Fernando Rospigliosi
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