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En el Perú tuvimos servicio militar obligatorio desde tiempos inmemoriales. ¿Era obligatorio de verdad? No. Ese solo era su título. Era obligatorio para la mayoría sorteada quizá, pero no para todos. Los que podían buscaban amigos o parientes que los ayudaran a exonerarse de ir a servir. El tiempo pasó y fuimos hacia un servicio militar voluntario. Hoy, ese servicio voluntario se ha vuelto obligatorio para el pobre, discriminándose por capacidad económica, algo que no se veía, con tanto descaro, desde el voto censitario del siglo XIX.

Veamos. Los países deben tener políticas públicas claras sobre distintos temas, pero hay algunos, los que tienen que ver con la vida y seguridad, que deben ser claros para todos y se deben tomar decisiones sobre cuál será la política pública que se aplicará con todas las variables en la mano y sin apresuramiento. Estas políticas públicas deben ser “socializadas”, lo que no es otra cosa que ser explicadas a la ciudadanía para que quede claro por qué se ha decidido una cosa sobre la otra.

En el Perú nos gusta imponer las ideas. Por eso tenemos problemas y por eso los ciudadanos no se sienten representados por el Congreso y por las decisiones que se toman, incluyendo muchas del Ejecutivo cuando este legisla por delegación.

El servicio militar es una de esas políticas públicas que debió ser estudiada y luego debatida escuchando las distintas opciones y evaluándolas antes de tomar una decisión, pues revertir algunas políticas públicas puede ser muy complejo.

Hoy tenemos el más perverso de los sistemas: un servicio militar obligatorio para aquellos que no pueden pagar 1800 soles para exonerarse el mismo. Si bien anteriormente había que conseguir “vara” para no servir, hoy es la ley la que consagra esta discriminación, pues se parte de un servicio voluntario para los que tienen dinero terminándose con la obligatoriedad para los que no pueden pagar.

Si necesitamos chicos que entren a formar parte de nuestras fuerzas armadas deberíamos hacer que estas sean atractivas para los jóvenes. Ello se logra con una carrera donde se les brinde una buena educación, con una calidad de vida decente y, por supuesto, con un servicio rentado donde se pague una remuneración que sea atractiva y no una “propina” como es hasta ahora.

El que falten chicos para las Fuerzas Armadas no es excusa para instaurar el servicio militar obligatorio para los más pobres por la puerta falsa. Revisemos la política pública y veamos si debemos tener servicio militar obligatorio o si este debe ser voluntario. Lo que tenemos hoy es lo más perverso: una política pública a la que legalmente se le saca la vuelta en detrimento de los que menos tienen.

Categoria: Editorial

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