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Opinión » 26/sep/2009 » 2 vista
El tiempo marchaba a favor de Micheletti como lo decíamos aquí mismo hace dos meses. Las elecciones programadas para noviembre, aún bajo la sobrevivencia del gobierno de facto, se marcaban fatalmente como la “salida”. Todo sufrió un giro inesperado luego que con su sombrerazo, bigotazo y tamañazo, Zelaya lograra “colarse” en Tegucigalpa.
La inercia se rompió pero acelerando la polarización y haciendo más evidente que nunca la necesidad del diálogo. Lo más destacable es la velocidad y curso en que se mueven ahora en el plano internacional distintas fichas y actores. Con nuevos bríos y con objetivos no necesariamente convergentes pero poniendo a la orden del día la urgencia de pasos concretos para la defensa colectiva de la democracia.
Destaca el Brasil que parece haberse tomado en serio el “liderazgo” que un sector del continente le ha venido reclamando. Al margen de si sabían que les llegaría tremendo regalo a su Embajada, el hecho es que Brasil no sólo no le ha hecho ascos a esta situación sino que ha asumido gran protagonismo.
Que ha llegado al punto de plantear esta semana que el tema lo examine nada menos que el Consejo de Seguridad de la ONU. Quedaron atrás, pues, los tiempos en que Itamaraty consideraba este tema “asuntos internos” de los Estados. ¿Sentará un precedente?
Jugando en pared Hillary Clinton reitera su apoyo al “plan Arias” que plantea, entre otras cosas, un “gobierno de reconciliación nacional” como parte del paquete de regreso de Zelaya. Y lo hace en presencia de Óscar Arias en esta semana intensa (¿casualidad?) en la que todos convergen en Nueva York para la Asamblea General de la ONU.
Por otro lado, revive el protagonismo de Venezuela y sus aliados más cercanos (el más activo, Nicaragua). Respaldando la “movida” de Zelaya y destacando su “línea directa” con el Presidente derrocado. Eso sí, marcando diferencias con relación al resto, distanciándose del “Plan Arias” al enfatizar la idea del regreso “incondicional” de Zelaya.
Las distintas “manos en el plato” parecerían marchar hasta el momento, con sus diferencias, en una perspectiva semejante. Pero no necesariamente.
De cómo se abra – o no– un camino para el diálogo o se agudice la polarización dependerá, en los próximos días, que haya una salida democrática en el corto plazo para Honduras o que estemos en la antesala de un garabato. Libanización sazonada con un aislamiento tipo Pyongyang.
Por: Diego García-Sayán
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