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Opinión » 20/oct/2009 » 4 vista
Octubre es un mes de recogimiento para el pueblo peruano, que demuestra su devoción por el Señor de los Milagros desde la primera procesión que se llevó a cabo, luego del violento terremoto del 20 de octubre de 1687.
La primigenia imagen fue pintada en 1650 por un negro angoleño, por encargo de una cofradía, la cual funcionaba en el barrio llamado Pachacamilla, siendo concluida en 1651. Su fama de milagrosa se inició a raíz del terremoto ocurrido el 13 de noviembre de 1655, luego del cual quedó intacta.
Recién en 1670, Andrés de León levantó una edificación para proteger la sagrada imagen. Cuenta la tradición que paralelamente al culto cristiano católico se generó una serie de actividades aparentemente reñidas con la moral de la época.
El sacerdote José Laureano De la Mena (párroco de San Marcelo) solicitó entonces la eliminación de la imagen, acto que debió llevarse a cabo entre el 6 y 12 de septiembre de 1671, acción que no se realizó por una serie de hechos milagrosos, siendo llamado desde ese momento Señor de los Milagros.
El virrey Conde de Lemos y las autoridades eclesiásticas convinieron en respetar la pintura del crucificado. El 14 de septiembre de 1671 se celebró la primera misa ante la imagen del Cristo de Pachacamilla. Fue Juan de Quevedo y Zárate, su primer mayordomo, quien luego organizó la construcción de una ermita.
En esa época, el mencionado virrey obtuvo el reconocimiento real al culto de la sagrada imagen.
Don Sebastián de Antuñano y Rivas compró de su peculio un solar y huerta aledaña, para ampliar el área del culto. Doña Antonia Maldonado de Quintanilla, guayaquileña, gestó un beaterio (1681), que luego tomaría el nombre de Antonia de Lucía del Espíritu Santo, rodeada de un grupo de damas.
Esta acción la realizó en vista de que en un estado de éxtasis se le apareció el Nazareno diciéndole: “Te doy el traje y el hábito con que recorrí el mundo”. En el beaterio se llevó desde entonces una vida penitente, motivo por el cual se le llamó convento de Nazarenas.
El 20 de octubre de 1687 ocurrió un fuerte terremoto en la capital, con más de mil muertos; a partir de esta fecha, al Señor de los Milagros se le reconoció como Patrón y Defensor de la Ciudad. Don Sebastián de Antuñano sacó una copia del Cristo y la llevó en procesión como penitencia, fijando el Cabildo el 20 de octubre como fecha central. En 1720, Felipe V elevó a monasterio el beaterio y el papa Benedicto XIII, mediante bula en 1727, le dio la indulgencia pontificia, y el 18 de marzo de 1730 se realizó su fundación.
A partir del 28 de octubre de 1746 se le consideró “Protector de los Temblores”, fecha esta última en que hubo el más pavoroso terremoto y maremoto en Lima y Callao. El 20 de octubre del año siguiente, salió en procesión, apreciándose en el reverso de la imagen del Nazareno la efigie de la Virgen de Nuestra Señora de la Nube.
Ese año se creó una hermandad que se convertiría ulteriormente en Cargadores del Señor de los Milagros; la imagen actual data de ese año.
La reconstrucción del monasterio se facilitó con un donativo que realizó doña María Fernández de Córdova, siendo inaugurado el templo el 20 de enero de 1771, durante el gobierno del virrey Amat.
Esta es la breve historia, resumida para las nuevas generaciones, de un culto que supervive por más de tres siglos.
Por: Dr. Ernesto Nava Carrión
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