Panorama Cajamarquino

El diario de la integración regional

7 de Febrero de 2012

Las carreras jurídicas

Editorial »  4/mar/2010  » 3 vista

Tanto se ha referido la opinión pública a varios organismos de la justicia, pero, especialmente al Consejo Nacional de la Magistratura por tratarse del encargado de nombrar y ratificar a los jueces y fiscales de todos los niveles y de aplicar la sanción de destitución a los magistrados supremos.

Es evidente que el Consejo estudia y analiza la conducta funcional de cada magistrado, para calificar o en su caso abrir proceso disciplinario.

La conformación del Consejo está señalada en la Constitución y se trata de personal de alta calidad profesional pues son representantes de la Corte Suprema, de la Fiscalía de la Nación, de los Colegios de Abogados de la República, de los Colegios Profesionales y de los rectores de las universidades.

De todos modos, se trata de seres humanos que pueden tener errores. Sin embargo, lo criticable es cuando se pueda comprobar actos de corrupción.

De ahí que la ciudadanía observa la conducta de los señores Consejeros.

Todos tenemos derecho de observar, criticar, opinar, pero también debemos formular algunas propuestas ya que toda obra humana es perfectible.

En Europa la justicia es imparcial porque está rodeada de una serie de garantías y se basa en el respeto a la definición de lo que son las carreras jurídicas. En Francia no admiten ni entienden que un señor abogado litigante, dedicado a la defensa en los tribunales, quiera ser profesor, como si se tratara de un cachuelo necesario para completar su presupuesto, mucho menos que un digno señor magistrado quiera dictar algunas horas de clase por las mismas razones o tal vez algunos por tener vocación pedagógica, pero las carreras son diferentes: jueces y fiscales, abogados, notarios, diplomáticos. Y ellos explican que así se garantiza que unos sentencien con justicia, otros defiendan los intereses de sus patrocinados, otros son los que enseñan a tiempo completo, verdaderos maestros, y las funciones de los notarios y diplomáticos son también con dedicación plena, situación que no impide que ofrezcan alguna conferencia ilustrativa.

Nuestros medios informativos han señalado algunas universidades de antes y de ahora que auspician ediciones o viajes a personajes influyentes, probando tal vez que no se cumple la dedicación exclusiva o que podría darse algún caso incurso en la ley sobre tráfico de influencias. Una solución excelente sería legislar en forma sistemática sobre el acceso y desarrollo de cada una de las carreras jurídicas.



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