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Por: Francisco Arroyo Cobián (*)

Hace apenas unos días que fue lanzado en el Perú Pokémon Go, un video-juego de aventura pionero en realidad, como lo define Wikipedia. Este juego, aplicado a los celulares consiste en buscar, capturar y luchar con los personajes de la saga Pokémon escondidos en el mundo real, por lo que para buscarlos hay que desplazarse físicamente por lugares que el móvil va indicando.

Este juego ha logrado un éxito muy importante, calculándose que a la fecha cuenta con más de 30 millones de seguidores en el mundo. Humanos de todas las ciudades van jugando con un personaje ficticio y masivamente se van desplazando por diversos lugares, algunos hasta de manera desesperada por encontrar un Pokémon.

La “cultura del entretenimiento” ha dado sus frutos y las personas son libres de jugar si así gustan, pero no podemos dejar de afirmar que son juegos con personajes altamente adictivos, que hoy en día están logrando atravesar el límite de lo que podría ser una diversión.

Los móviles con diversas aplicaciones han logrado captar a chicos y grandes, concentrados ante la pantalla de una “maquinita” que anula la interacción familiar y amical de los que se encuentran en su entorno, pero acercan a los que se encuentran alejados por la distancia.

Hoy se ha dado un gran salto tecnológico que se ha convertido en un fenómeno social y fructífero negocio, arrastrando a sus seguidores a calles, avenidas, museos, iglesias y a tanto lugar en donde se pueda concentrar masivamente a los jugadores, a muchos de los cuales no los interesa el tiempo que se pueda emplear en este, pues se debe atrapar los Pokémon que van apareciendo en el camino, con los consiguientes riesgos de pasar una calle sin mirar el semáforo, caminar distraído, desconcentrado, que ciertamente trae como consecuencia accidentes o poder ser víctimas de robo.

Este juego, según especialistas lo reconocen también, funciona como una terapia cognitiva-conductual que produce recompensas asociadas a cambios positivos en el estado de ánimo. Asimismo, consideran que al caminar mucho en el objetivo de atrapar el máximo de figuritas, tiene un efecto clínicamente significativo sobre los síntomas de depresión, así como la mejora contra la obesidad.

Por otro lado, se tiene el concepto de que el video-juego en lugar de socializar lo que hace realmente es convivir menos con otros. A medida que va aumentando el tiempo de juego, se va reduciendo también el tiempo de ocio dedicado a otras cosas, entre las que se halla la socialización. Aumenta el aislamiento, dado que el jugador caza pokemones en solitario.

Este articulo escribo no para ir contra todo una corriente de juegos Pokeémon, es solo para indicar y llamar la atención de nuestra sociedad y decir que todo en la vida tiene un límite, el cual hay que cuidar y no sobrepasar.

El temor de Einstein que se hiciera realidad, que algún día llegase el tiempo en que la tecnología sobrepase a la humanidad del hombre… ha llegado.

(*) Exalcalde de Cajamarca, ex presidente regional, ex congresista de la República.

Publicado el 25 - Ago - 2016

Categoria: Las Aguilas vuelan más alto