Panorama Cajamarquino

El diario de la integración regional

7 de Febrero de 2012

La cruz de la orfandad

Editorial »  9/mar/2010  » 3 vista

Penoso comprobar que las instituciones que tienen como misión tutelar a los niños y niñas huérfanos o en estado de abandono se convierten en una cárcel para condenados.

Un centro de atención a niños huérfanos es por definición, una segunda casa, un segundo hogar, un centro de desarrollo integral, una oportunidad de vivir entre gente que le propina amor, le concede la oportunidad de ser llamado hijo, y poder desarrollarse en un ambiente sano.

Lo suficiente sufrirá un niño sin papá y sin mamá, a lo largo de su vida, que no merece crecer bajo la tutela de gente que los maltrata y abusa de su estado de abandono. ¿Cómo calificar al ser humano que disfruta de abusar de los más indefensos?

Los golpes, los tocamientos indebidos, hasta las violaciones sexuales son lo habitual en estos centros de tención a menores. Un secreto a voces que pocos han enfrentado.

No se puede confiar la salud y desarrollo integral de niños y niñas huérfanas a gente que no reúne condiciones y perfil profesional – psicológico adecuado.

En una entrevista concedida por la esposa del presidente, Pilar Nores, refirió que “las Aldeas Infantiles fueron creadas con la intención de brindar apoyo, no de reunir a las ovejas con el lobo. El personal que trabajaría con los niños tendría que haber aprobado un conjuntos de test psicológicos que respalden y garanticen su buen proceder”.

Los niños que han perdido a sus padres vivirán con ese sentimiento de soledad que nada ni nadie podrá cubrir. Vivirán y añorarán el abrazo cálido de una madre, la presencia protectora de un padre, o el simple sentimiento de pertenencia a una familia, de ser parte de un grupo.

Que la vida de estos menores no sea marcada por la crueldad y el olvido, que se sancione a quienes abusan a los más indefensos, que se demuestre con actos en concreto que la infancia es una de las prioridades de Estado.



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