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Editorial » 1/mar/2010 » 3 vista
Un terremoto de 8.8 grados de intensidad retumbó las bases de Chile, por más de 150 segundos. Sin embargo, Chile sigue en pie, “por la fuerza o la razón”.
Las cifras oficiales hablan de menos de mil muertos hasta el momento. La suspensión de clases será por menos de ocho días, y los servicios de emergencia ya iniciaron acción inmediata. Tan efectiva respuesta sólo es el resultado de una política de previsión en la cual, la palabra corrupción no cabe.
En el Perú, un terremoto de 6.5 de intensidad destruyó Pisco, Ica, Nazca, y decenas de pueblos. Muchos pueblos desaparecieron. Las casas eran endebles, los edificios gubernamentales tenían poco cemento y hasta poco ladrillo, y hasta el momento no hay capacidad de respuesta para demoler los edificios a medio caer y menos para reconstruirlos. Tan mala capacidad de respuesta obedece a nuestra enquistada “amiga” la corrupción. Recordemos que cuando se pide cien bolsas de cemento, sólo diez llegan a la obra, y si falta material, con arena basta para rellenar los huecos y paredes.
Dentro de un año Chile se repondrá de este duro golpe. Se pondrá de pie y seguirá siendo el sable al cinto de América Latina, la potencia durmiente que amenaza con guerra cuanto enemigo chico o grande se le pone en frente.
Mientras tanto, Perú seguirá obsesionado con demostrar que el Pisco, la marinera y el suspiro a la limeña son peruanos. Seguiremos recordando que Ica sigue destruida y que no hay dinero para nada, menos par atender a las poblaciones más humildes.
Los terremotos demuestran de tiempo en tiempo que los seres humanos no pasamos de ser buenos ingenieros de torres de arena; pero también ponen a prueba y demuestra quienes tienen gobernantes capaces de unir a un pueblo para desafiar a la naturaleza y quienes, simplemente, sólo se dedican a la demagogia.
El terremoto que azotó en enero a Haití dejó más de 200 mil muertos en ese país, sin embargo un terremoto de magnitud similar en Japón solo dejó como saldo un muerto, esa polaridad no es otra cosa que el resultado de la planificación sistematizada que demuestra cada país, Japón fue afectado varias veces por terremotos que lo destruyeron casi por completo, pero supo levantarse de sus escombros y lo que es mejor, supo librarse de la corrupción porque sabe lo perniciosa que es para cualquier sociedad.
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