Panorama Cajamarquino

El diario de la integración regional

9 de Febrero de 2012

La corrupción y los corruptos son los que han jodido al Perú

Opinión »  17/may/2010  » 18 vista

vVargas Llosa se preguntó alguna vez ¿En qué momento se jodió el Perú? Las respuestas pueden ser varias. Yo puedo agregar una más: se jodió y se sigue jodiendo por la corrupción y los corruptos. Si le pueda afectar a alguien estas palabras, derivadas de joder, aclaro que, en el sentido de este artículo, joder es, según el Diccionario de la Real Academia: “Destrozar, arruinar, echar a perder”. Asimismo, es una interjección “para expresar enfado, irritación, asombro” (rae.com).

La corrupción, también según la RAE, dice de esta palabra: “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. Y del corrupto señala: “Que se deja o ha dejado sobornar, pervertir o viciar. Dañado, perverso, torcido”.

Y es, ciertamente, esta costumbre viciosa, un daño, una perversidad, algo sumamente torcido, que lo que hace es estancar al país y frenarlo en su desarrollo, mucho más si hablamos de países como el nuestro, infelizmente y todavía, con serias carencias y deficiencias (pobreza, desempleo, inseguridad, injusticia).

Este mal hábito, según todas las evidencias, está ocurriendo a nivel de los más altos (y bajos) mandos del partido en el gobierno de turno y circunstancial como debe ser en un estado democrático. Demás está comentar sobre lo que hemos venido leyendo u oyendo en todos los medios de comunicación: compras de patrulleros, escándalos parlamentarios, petroaudios, business track, chuponeo, el delincuente -dizque casi moribundo- indultado y no habido, chilca, cofopri, etc., etc., etc.

Es justo afirmar que la corrupción no es exclusividad de un grupo o de un gobierno específicos, aún más, es un fenómeno mundial. Sucede en todos los lugares y en muchos momentos de la historia. Miren lo que pasó a altísimo nivel con la dupla malvada chino-asesor en contra del país: crímenes de lesa humanidad, miles de millones de dólares sustraídos, soborno a cientos de funcionarios, empresarios, prensa y periodistas. Y -¡si seremos caídos del palto!- la heredera de esta agrupación tiene un alto porcentaje -cautivo- de votantes, porque el chino papá (o api) hizo obra (mal habida, claro). Vale una aclaración acá: las dictaduras son hereditarias y esto también es corrupción.

En otro gobierno cercano, el del cholo sagrado, también se denunciaron casos amorales y estercolados, en especial de su entorno familiar. En el primer gobierno del conejo gordo (tomado este apodo de una caricatura de Juan Acevedo) el sucio asunto de los dólares MUC fue escandaloso. El peaje Faucett en el Callao fue un acto de abuso y aprovechamiento en contra de unos 40,000 conductores que diariamente tenían que pagarlo por recorrer un tramo minúsculo. De igual non sancta manera, han actuado presidentes regionales y alcaldes a lo largo y ancho del país, de los que algunos han sido revocados. Es clásico el 10 o 15% de coima, que los ejecutores de obras se ven obligados a incluir en su presupuesto (¿en qué rubro lo pondrán: pagos por lo bajo, pago para las ratas, gastos de podredumbre?

Y otros actores menores que dicen que lo que hicieron son pecadillos, que es de cristianos perdonar y que hay que darles una nueva chance (¿para seguir saqueando?). Afirma el “jefe” del país que son escandaletes (¿de republiquetas?) que la prensa azuza con mala leche y que se hace peligrar el reconocido crecimiento económico peruano; más bien, porque hay crecimiento económico tan bueno no debería haber corrupción o debería ser súpercontrolada y sancionada, con mucho rigor (¿amputación de las manos como en algunos países asiáticos, porque de la cabeza, en donde se generan las siniestras ideas no se podría, o sí?) para que logremos el verdadero salto hacia un país desarrollado y mejor.

Ha sucedido esta calamidad insidiosa en toda la época republicana, pero hace unos 25 años que es un flagelo vergonzante. Cito textualmente: “En ese lapso la corrupción se ha dado en sus dos vertientes más nocivas, es decir, ha tocado a los peruanos a través del robo descarado de los tesoros públicos y del menoscabo de la democracia. Al mismo tiempo, prácticas como el cohecho, los sobornos, el encubrimiento, el nepotismo y los clientelismos recuerdan a diario el entrampamiento tercermundista en el que está inmerso el Perú. Felizmente, ya desde hace algunos años se puede definir de una manera más o menos orgánica lo que se entiende por una conducta corrupta en la función pública. Esta hace referencia a la violación de la confianza que los ciudadanos depositan en sus funcionarios (soborno, nepotismo, favoritismos, desfalco, etc.), a la malsana intención de maximizar ganancias utilizando para ello un oficio estatal y al menoscabo de los intereses de la comunidad en favor de unos pocos individuos. Asimismo, la corrupción, en su sentido más amplio, es una patología política cuyos componentes estarían en el abuso del poder, la violación del orden jurídico y la mala administración. (Torres Arancivia. 2005. Sobre la corrupción en la historia del Perú. Punto.edu. Pontificia Universidad Católica del Perú, 23 al 29 de mayo del 2005, p.8.).

Pero el peruano parece que quiere olvidar y disculpar; y manifiesta, muy tranquila y ufanamente (y algunos conchudamente o con cachita): “No importa que sea ladrón o corrupto, con tal de que haga obra” (encuesta de abril 2010 sobre opinión de alcaldes que roban pero hace obra: 44% a favor, 41 % en contra. Encuesta IOP). Nos preguntaríamos ¿qué se entiende por obra? ¿Las estructuras de cemento, un puente o carretera mal hecha, un colegio que después se cae, la donación de ropa o alimentos con los que engañó un presidente a millones de peruanos, pan y circo? Obra debería ser, más acertadamente, en Política (así con mayúscula), el adiestramiento en gobernabilidad democrática y participativa, los aprendizajes profundos en gestión política profesional y científica, la formación en valores, en el trabajo honesto, en la voluntad de hacer bien las cosas para mejorar la calidad de vida del Perú y los peruanos. Es decir, la Política como el arte de hacer el bien.

Hay ejemplos (malos) de hacer obra robando; algunos corruptos son superlativos, son codiciosos en grado máximo, y no respetan siquiera a la gente honesta de su partido, o a sus electores, o a los que le dieron un trabajo de confianza. Y los electores (¿masoquismo, esto es, maltrato o humillación propia, a ser analizados por los profesionales en conducta o enfermedades mentales?) siguen escogiendo a los antihéroes por los que siempre hay que votar porque algo hacen. Sí pues, una o varias obras, pero metiéndose al bolsillo millones de soles o de dólares. No sería raro que don bieto y rómulo sean elegidos para algún cargo público y hagan alguna obrita. Otra vez: ¡Si seremos huevas tristes!.

El periodista Pedro Salinas (PERÚ.21, 25 de abril, 2010) opina de la corrupción y los corruptos: “Porque si algo empobrece a este país, es la corrupción, aquella en la que nadan y saltan como lizas unas criaturas despreciables, que, encima, se dan el lujo de participar en la política, …mientras que uno… a lo máximo que puede aspirar es a desearles que les de un chancro repentino, que les produzca un dolor atroz, ciego, inhumano. Porque nadie los sanciona…”

Acabo de leer que el peor castigo para el corrupto politicastro (=político inhábil, rastrero, mal intencionado, que actúa con fines y medios turbios. rae.com) profesional, más que la cárcel u otra sanción punitiva, es NO VOLVER A VOTAR POR ELLOS. No lo merecen, más bien son una lacra de la sociedad y deben ser enterrados políticamente. Las encuestas, felizmente (con todos los escándalos de corrupción en este gobierno que satura a los medios de comunicación e información), ya lo manifiestan: los ciudadanos consideran que uno de los primeros temas en la agenda política y eleccionaria va a ser deslindar con la corrupción.

Ahora que se acercan dos elecciones importantes en este año y una en el 2011, para los gobiernos regionales y locales y los nacionales, respectivamente, pensemos bien a quien favoreceremos con nuestro voto; busquemos como Diógemes de Sinope -con una lámpara a la luz del día- a hombres y mujeres honestos, transparentes, solidarios, que no admiten tachas, con una hoja de vida que resalte sus capacidades y experiencias, que están dispuestas a hacer un trabajo límpido y consensuado, que cuando menos “sepan leer y escribir” y que también sí sepan hacer obras (sin robar, para satisfacción de los que aprecian mucho estos productos de infraestructura). No confíes de aquellos que te digan: “ya sabes como es cholito”, “¿cuál es la mía?”, “primero mi porcentaje”, “¿de a cómo nos toca?”, “jafanajá” y otras interrogantes y pedidos inescrupulosos.

Hagamos algo bueno por el país. No seamos un país con desconfianza en todas nuestras instituciones y con falta de credibilidad en todos nuestros conciudadanos. Démosle vuelta a la torta (o al queque, si ustedes quieren). De nosotros depende. “Y si no hacemos nada por detenerla, esa infección nauseabunda seguirá avanzando hasta acabarnos como nación” (tomado de un artículo de El Búho, en El Trome, 11 de abril 2010).

¡NO TOLEREMOS LA CORRUPCIÓN! ¡NO VOTEMOS POR LOS CORRUPTOS!

Por: Homero Bazán Zurita



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