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Kuntur Wasi es más que una palabra, más que un simple lugar en el mapa, es la historia de los antiguos peruanos. Más de mil años antes de Cristo, el hombre en los Andes del Perú se adecuó a la naturaleza, respetó a los seres que lo acompañaron en esos inhóspitos parajes y rindió culto a las aves que vigilan el cielo.

En cerro La Copa se construyó el templo en honor a los dioses del antiguo mundo. Destacan las plataformas escalonadas y estructuras funerarias, existen evidencias de litoesculturas emparentadas con el estilo Cupisnique, pero muy elaboradas como las de Chavín de Huántar.

En el año 1945 la misión del Museo Nacional de Antropología y Arqueología de Lima descubre los primeros objetos de oro en Kuntur Wasi.

Sin embargo, es recién a partir del año 1989 cuando la misión de la Universidad de Tokyo, liderada por Yoshio Onuki, realiza los hallazgos más contundentes. De los contextos funerarios de élite excavados por los japoneses se rescataron numerosas piezas de orfebrería, entre las que se deben mencionar los primeros objetos chavín hechos de cobre.

En las tumbas excavadas en Kuntur Wasi el ajuar funerario incluye collares, coronas, orejeras, cuentas y pectorales de oro repujados y calados con diseños de cabezas – trofeo y de personajes de las iconografías chavín, Cupisnique y de una peculiar modalidad local asociada a Kuntur Wasi y a la región del Jequetepeque.

Las conexiones de Kuntur Wasi con Chavín pudieron estar asociadas al oro, pero existen también evidencias de un mismo tipo de vasijas, que en Chavín se conocen con el nombre de Mosna y cuya distribución llegó hasta las regiones de Huánuco y Ancash.

Uno de los objetos más importantes es la denominada “Corona de las catorce caras”. Se trata de una lámina de oro, con catorce pequeñas ventanas hexagonales recortadas, de las que cuelgan figuras de rostros humanos.

El templo y las tumbas de su interior estarían vinculados a la cultura Cupisnique de la costa norte. En cerámicas y platos de piedra pertenecientes a esta cultura es posible observar dibujos de caras humanas, similares a las de los relieves de Cerro Sechín, ubicadas dentro de un marco cuadrado o hexagonal.

En un plato de piedra, por ejemplo, un personaje-monstruo con cara de jaguar y cuerpo semejante a la araña aparece cargando sobre su espalda una bolsa con unas cabezas adentro. En una de sus manos, sostiene por la cabellera la cabeza de la víctima. Este dibujo representaría la escena de la decapitación y el monstruo arácnido encargado de transportar las cabezas de los sacrificados.

A la luz de estas referencias, no sería extraño que los catorce rostros de la corona de Kuntur Wasi representaran las cabezas de las víctimas dentro de un canasto.

En otro lugar de Kuntur Wasi se han hallado también monolitos de seres míticos que sostienen cabezas humanas en sus manos. Las cabezas de los sacrificados son cortadas por un especialista y luego son transportadas hasta los dioses.

Entregar cabezas a los dioses, es decir, sacrificios, significa entregar la vida, lo más importante que posee el ser humano. A cambio, los dioses aseguran buen tiempo, cosechas abundantes, salud y fertilidad. En esta relación, las cabezas de los sacrificados funcionan como mediadores entre los hombres y los dioses.

Las piezas de oro, se remontan a 800 antes de Cristo, son las más antiguas que se han encontrado, no sólo en los Andes, sino en todo el continente americano.

Es sabido que en los Andes existió una importante tradición de orfebrería. Pero en realidad no es mucho lo que se sabe acerca de la producción que va desde el período formativo hasta el Imperio Inca. Las excavaciones de Kuntur Wasi, acaso sin intención, contribuyeron a ampliar el conocimiento sobre este tipo de piezas en su época inicial.

Los descubrimientos de piezas de oro continuaron en excavaciones posteriores. Hasta el momento, se han encontrado 200 piezas en ocho tumbas. Pero lo más importante de estos descubrimientos es que se ha podido aclarar el proceso en que se produjeron los entierros.

El punto en común de las ocho sepulturas es que no se encuentran en lugares específicos como cementerios. Los entierros se efectuaron en antiguas estructuras de uso ceremonial y, en varios casos, luego del entierro se construyó un nuevo templo sobre la estructura del anterior.

Estas evidencias señalan que la renovación de los templos se realizaba en una serie de actos rituales, en los que se “enterraba” la antigua edificación junto a un personaje importante, acompañado frecuentemente de ofrendas de oro.

Publicado el 26 - ago - 2009

Categoria: Reportajes

One Response so far.

  1. Jorge Arana dice:

    Hola queridos amigos de Cajamarca, gracias por publicar este artículO me eyudó en mi trabado de sociedad.
    Promocionar nuestra cultura debe de ser una actividad que todo peruano(a) debe de tomárselo (a) a pecho, como decía Javier Pulgar :conocer nuestra geografía (cultura)debe de primar en un verdadero amante del país.
    Gracias.