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Cultura » 30/ene/2010 » 86 vista
Actualmente, no existen estudios serios de la complejidad de juegos populares para niños, niñas y personas adultas en Cajamarca. Sin embargo, nuestros antepasados de esta bella ciudad del Cumbe han ido dejando de generación en generación una diversidad de juegos (la chunga, la polla, el run run, el currun currun coche, la gallinita ciega, la pega, las aperis, la soga, el matatiru tirulan, el ángel con la bola de oro, San Miguel –diablo toma tu chanconita- el guambar, los trompos, las cometas, el pañuelo escondido, y otros), que recreaban y despertaban las capacidades analíticas, creativas, cooperativas y estratégicas en el ser humano.
La mayor parte de los juegos populares cajamarquinos, tienen su origen preincaico, incaico, colonial y republicano, que han ido desapareciendo año a año, por la influencia del neoliberalismo a través del mundo globalizado. Corriente, donde impera el sistema económico capitalista, y en consecuencia, la mayor parte de niños cajamarquinos utilizan juegos foráneos, no propios de esta zona, asimismo, se han ido introduciendo desde inicios de este siglo juegos de índole comercial, utilizando las redes en computadoras y otros medios tecnológicos.
Aún cuando, nos vemos muy influenciados por este mundo globalizado, estos juegos de antaño todavía sobreviven en algunos pueblos retirados a la ciudad, donde los avances tecnológicos (medios de comunicación: internet, teléfonos móviles, televisión, entre otros) todavía no ha llegado a borrar sus costumbres y tradiciones. Todavía hoy en día, en nuestra ciudad escuchamos relatos de nuestros abuelos o personas mayores, quienes con gran satisfacción cuentan anécdotas de su niñez relacionado con estos juegos populares.
Según Paulette y Henry Reichlen en el libro “Folklore Americano” describen al juego de la polla de la siguiente manera, se hace en el suelo un hoyuelo llamado “polla” y se señala un sitio a unos tres o cuatro metros de distancia, a fin de lanzar de allí la materia motivo del suelo: frijoles, choloques o bolitas de cristal. Sitúanse los jugadores, que pueden ser dos, tres o más en el lugar señalado y comienzan a tirar desde allí, uno por uno, por ejemplo un puñado de choloques, tratando de meterlos todos en la polla. Quien logra hacerlo, gana, recoge todos los choloques de los demás jugadores y los tira de nuevo. Si consigue meterlos todos, gana y todo es para él. Si no, tendrá que cederle a quien lo haya hecho y si hay empate, tirarán solamente los empatadores. Cuando al tirar a la polla no ha quedado sino un choloque fuera de ella, exclaman los jugadores: ¡con chano! Si han quedado dos: ¡con par!; y si quedaron tres: ¡con par y chano!. En este juego, las apuestas son todo el grupo de choloques con que se tira o bien dos o tres solamente y de acuerdo previo. (Paulette Reichlen, 1967. Pág. 104)
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