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Mi nombre es lo bastante célebre, para que yo lo manche con una infracción a mis promesas. Así decía el libertador don José de San Martín y mientras no tomemos conciencia que la ciudadanía de nuestra región cajamarquina, el propio Estado peruano que todos lo conformamos y valorásemos en su real dimensión la enorme importancia que tiene, el honrar la palabra empeñada y no seamos capaces de cumplir en las “pequeñeces” de la vida diaria, no seremos competentes para cumplir cosas de suma trascendencia y nuestro país seguirá manteniendo bajos índices de crecimiento, de competitividad y altos niveles de pobreza, ¡Por la falta del cumplimiento de la palabra!

Estoy totalmente de acuerdo que el respeto a los valores éticos y morales es importante para la sociedad, la familia y la persona que lo cumple, entonces, honrar la palabra representa una piedra angular en la conducta social, porque significa confianza, base fundamental para la construcción de las relaciones humanas y públicas, para que las personas socialmente organizadas trabajemos para la creación de un mundo mejor.

Honrar significa: Mostrar respeto, admiración, cumplimiento y estima hacia una persona, también en reconocer o premiar las cualidades morales y la dignidad del ser humano. Como dijera José Chou director de Finanzas de la Asociación Peruano China (APCH), si cada líder de cualquier campo, que cree en el valor de honrar la palabra, se comprometiera a difundir con el ejemplo este principio ético, sería posible con perseverancia, el ir transformando la cultura de la excusa, por la del cumplimiento de la palabra empeñada y al honrar la palabra que es un poderoso catalizador del desarrollo económico. ¿Cómo así? al adoptarlo como uno de sus principales valores, la cultura oriental china estaba estableciendo uno de enorme trascendencia para la vida y el desarrollo material. No en vano la milenaria cultura oriental está llena de sabiduría.

¿Se imaginan la cantidad de recursos dedicados al control y cumplimiento de lo ofrecido, el monto ahorrado por los honorarios profesionales de los abogados y todo el tiempo ganado y dedicado a una mejor causa y calidad de vida si las personas cumpliésemos, como dicen en mis carnavales ¡Si señor cómo no!, con honrar la palabra empeñada?

A propósito del momento electoral en nuestro país, que otra vez se avecina porque ya estamos en un año pre electoral, el cumplimiento de la palabra empeñada por la clase política sería el verdadero camino hacia el progreso y la paz social que tanto reclamamos y a la institucionalización definitiva de nuestra nación.

¿Es utópico y vano pensar que llegaremos a este mundo ideal? Si no lo ambicionamos, nunca lo podremos. Intentarlo significa que cada uno de nosotros y sobre todo aquellos que destacan como líderes en cualquier campo y que nosotros creemos en el valor de honrar la palabra, nos comprometamos a difundirlo con el ejemplo y congruencia con nuestros actos, así con la misma perseverancia de la gota que perfora u horada la piedra.

Las palabras convencen, pero los hechos arrastran y no sólo en el ejercicio del poder, se falta a la palabra empeñada, su incumplimiento de nuestra palabra es un acto de violencia, la desconsideración, la deshonestidad, la deslealtad, no hacer lo que se promete o se dice, la impuntualidad, incumplir los acuerdos, “mecer a la gente” son actos hostiles, que resultan una burla y una falta de respeto hacia los demás, que comprometen nuestra seriedad e integridad personal, y además fomentan en conflicto y la discordia.

Olivia López Pescador, menciona que si cada quien cumpliera lo prometido o cualquier persona de la sociedad civil honrara su palabra en cosas tan insignificantes como el llamar a la hora convenida, llegar a la hora indicada, cumplir una cita o si los prestadores de servicios cumplieran con las fechas convenidas de entrega y con la calidad ofrecida con los usuarios, no habría tantos casos en litigio para obligar a la gente a cumplir lo ofrecido, mediante un imperativo legal sino como una obligación moral. Si nuestra desprestigiada clase política cumpliera lo que promete en campaña electoral, no seríamos un país con pobreza y con tanta gente muriéndose de hambre, habría los empleos ofrecidos, estaríamos realmente en vías de convertirnos en un país de primer mundo.

Por: Jorge Peralta Acevedo sinmordazaperu@gmail.com

Publicado el 20 - feb - 2013

Categoria: Sin mordaza

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