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Cantares de mujer » 29/mar/2010 » 4 vista
“Yo empecé a trabajar porque… porque yo no quería estar en mi casa porque mi papá mucho me maltrataba, no me gusta estar en mi casa porque… me pega, así, me para riñendo y no puedo ni descansar. Ahí ¿no ves que es carpintero? Nos manda hacer todo de cosas, tengo que ayudar a lijar… no tengo tiempo ni para hacer mis tareas …” Luz, Ucayali, 14 años.“Mi mamá me decía que ayude a las vecinas” Luzmila, Cajamarca, 7 años
“Había un letrero en la ventana y justo estaba con mi papá y mi papá me llevó ahí y como justo yo también necesitaba trabajo y estudio, entonces me fui y le pregunté a la señora con mi papá y mi papá dijo: vas a cuidar a una abuelita y entonces yo me decidí y ya me quedé con la señora” María, Cuzco, 13 años.
“No hay ninguna persona de la casa que me trate mejor. A veces me fastidian, haz esto, lo otro, tratan de aburrirme. Yo ya me quiero salir, porque son muy fastidiosos, me piden a cada rato que haga cosas, parece que fuera su hija” Mariana, Cajamarca, 16 años
“Y el señor ¿Qué tal te trata? mmmm… más o menos-¿por qué más o menos?- es que a veces me molesta… me toca, a veces el brazo. Un día me quiso besar pero yo le puse su alto, desde ah í ya no me ha vuelto a molestar, pero le dije a la señora- Y ella qué te dijo?- Que lo ponga su alto, porque su esposo es así. Como la señora es bien buena… ¿Qué le habrá dicho a su esposo? Desde ahí no me molesta” Elena, Ucayali, 17 años. Testimonios de niños y niñas que trabajan en” casa ajena”, extraídos del libro No somos invisibles, del Grupo de Trabajo Redes de Lima, en cuya investigación participamos. Cientos de testimonios básicamente de niñas que trabajan en casa de otra familia, a veces, también trabajan en casas de sus mismas familias, tíos, tías, padrinos, en las que igualmente afrontan las mismas y hasta peores situaciones siendo propia familia. Entonces aún parece venir el eco de la colonia, donde las mujeres, sobre todo, eran tomadas para la servidumbre en situación de explotación y propiedad. No tenían, ni siquiera el derecho a levantar la cabeza ante los amos. Sólo la almohada y su corazón sabían del sufrimiento cruel que eran objeto, en toda laya de vejaciones. Felizmente esa situación ha cambiado notablemente. Ahora las trabajadoras adultas y niñas luchan por el derecho a la educación, a la salud, al buen trato, a 15 días de vacaciones pagadas, un día libre a la semana, días feriados y hasta por su CTS (compensación por tiempo de servicios) medio sueldo por año cumplido de trabajo en la misma casa. Un grupo de líderes trabajadoras adolescentes en casas ajenas se vienen planteando como propuesta para las trabajadoras del hogar en Cajamarca, el que ninguna gane menos de 200 nuevos soles, porque hay muchísimos casos en los que aún ganan 20, 30, 50 soles por todo un mes de servicio. Hay otro tanto que no pueden estudiar y son innumerables los casos de niñas trabajadoras que no cuentan con el SIS (Sistema Integral de Salud), menos será con DNI. En un país donde las leyes favorecen aparentemente, “hecha la ley, hecha la trampa” ley consuetudinaria en el Perú, a la cual todos los peruanos y peruanos lo damos como “así es la vida”. Pero existe la Ley de los/las Trabajadores del Hogar, que debe cumplirse. Queridos ciudadanos de Cajamarca, ¿ hasta cuándo seguiremos empleando niños en nuestras casas, no permitiendo que estudien o que lo hagan en peores condiciones. Una niña de 13 años, podrá estudiar en buenas condiciones durante la noche? NO le vencerá el sueño como decimos en la tierra. Si fuese nuestra hijita ¿dejaríamos que esto pase? ¿Que se exponga a los peligros de manejar los artefactos eléctricos, de dejarla al cuidado de un bebito, después golpearla y hasta matarla si algo le pasa al niño a su cuidado? Dejarla que vaya a estudiar hasta las 11 de la noche, luego a su casa en los cerros de San José de la Collga o San Francisco? Hasta hace poco, todavía, la seguimos llamando LA MARIA, porque no nos preocupamos de memorizar ni siquiera su nombre, menos su apellido, nunca le hemos preguntado qué le gusta, que no le gusta, casi nunca la hemos abrazado, le hemos dicho que la queremos y que estamos agradecidos porque la María cuida de nuestros hijos, con amor, cuida la casa como si fuese de ella. Sin el apoyo de las Marías qué difícil se hace la vida en una casa de Cajamarca y del Perú, todavía…
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