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Cultura » 17/mar/2010 » 3 vista
“Estamos acostumbrados en Lima (a los sismos), aprovecha uno para bailar; para mí fue un honor compartir un sismo con el pueblo de Chile”. Esta increíble frase, soltada como comentario por los trágicos sucesos acontecidos en el hermano pueblo chileno fueron dichas nada más y nada menos por Alan García Pérez, Presidente Constitucional del Perú. Si bien es cierto de sus labios puedan manar las más convincentes y hermosas palabras que puedan hacer que aunque le tengas cólera votes por él, también es cierto que durante éste gobierno ha soltado frases dignas de Ripley. Las comentadas fueron dichas en radio Programas del Perú el 11 de Marzo mientras comentaba sobre su estadía en el vecino país del sur.
Hay que reconocer que como estrategia geopolítica y en pleno cambio de mando en Chile, sí correspondía y rindió sus frutos; la visita casi inmediata que realizó Alan García a nuestro vecino logró transformarse en un gesto de país amigo y de concordia, correspondiendo por supuesto al gesto que tuvieron también ellos con nosotros tras el terremoto que asoló Pisco en el sur del país. Sin embargo ello acontecía mientras Cusco lloraba sus muertes por los desbordes y ataques de la naturaleza y porque una de las maravillas del mundo se sumía en la soledad por la imposibilidad de llegada de visitantes; y mientras Pisco seguía pidiendo a gritos una reacción como la de nuestro vecino país para que después de varios años y varios FORSUR siga viviendo la tristeza de su pueblo caído.
Esta ambivalencia nos demuestra las dos caras de una misma moneda, por un lado el éxito macroeconómico, que tiene acomplejado al Gobierno como si fuéramos una gran potencia, aunque –es justo decirlo- con relativos éxitos, como la estabilidad económica, financiera y monetaria, así como el crecimiento de los índices de empleo y un buen intento por mejorar y acelerar la actividad de la ya dinosáurica gestión burocrática de los entes estatales, entre otros. Y por otro lado, la gran incapacidad del Estado para realizar una eficaz redistribución social, el lamentable rebrote de los índices de pobreza, la nula voluntad del gobierno de turno para luchar contra la corrupción, el crecimiento descomunal de la desigualdad económica en los diferentes estratos sociales, la inexistente política de estado para realizar las reformas urgentes y necesarias como la de la Policía, de los Institutos Armados, en Salud en Educación, etc.
Peor aún, si bien es cierto el Gobierno está tratando de actuar decididamente en normar y legislar a favor de la prevención de desastres, nuestra realidad supera cualquier expectativa positiva. De producirse un terremoto y un tsunami como en Chile, de 8.8 grados, sólo en Lima, mucho más del 60% de las viviendas y construcciones colapsaría, sin contar las demás ciudades, y (Esto sí es tremendo) los gastos por reconstrucción ascenderían a la estratosférica suma de U.S.$ 90,000 MILLONES DE DOLARES, así como lo lee, es decir más de tres veces lo acontecido en Chile. O sea, que Dios nos coja confesados, si con Pisco sucede lo que sucede, es de imaginarse la labor a nivel nacional.
Es por ello que el trabajo debe empezar ya mismo, con la participación de los Gobiernos Locales, Regionales y Nacional, las Instituciones Armadas y Policiales , las Instituciones civiles, Colegios Profesionales, universidades, ONG’s, INDECI, entre otros; y es un tema en el que deben quedar de lado los colores políticos y los intereses creados y particulares; pues de otro modo volveríamos a “0” nuestro crecimiento, nuestro atraso sería por muchísimos años, desaparecería nuestros logros y la pobreza se iría hasta el cielo. Es la hora en que los líderes sociales y de las comunidades respectivas se muestren como tales.
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