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Opinión » 19/mar/2010 » 3 vista
Existen diversas formas de diferenciar entre los países industrializados y los países en desarrollo.
Se confía, en general, a las estimaciones del Producto Nacional Bruto y al ingreso per cápita, pero igualmente se tienen en cuenta otras variables como: la población alfabetizada, la esperanza de vida al nacer, la tasa de mortalidad infantil, el número de médicos por 1000 habitantes. Todos estos indicadores, tanto sociales como económicos, reflejan el bienestar de la población.
Actualmente se acepta que este bienestar depende también de factores ambientales. Un indicador que se va imponiendo para trazar el límite entre la riqueza y la pobreza es la disponibilidad y la calidad del agua, es decir, de agua potable.
El agua es el elemento más abundante en la superficie de nuestro planeta. Pero el mayor porcentaje se presenta en agua salada (océanos y mares) difícilmente utilizable, hasta el momento, para el consumo humano. Y la mayor parte del agua dulce se utiliza en la agricultura y en la industria.
La vida y el agua son indisociables. El cuerpo humano mismo está constituido entre 55 a 75 por ciento de agua (dependiendo de las medidas). También el agua facilita la digestión de los alimentos, la absorción de oxigeno, la eliminación de desechos orgánicos y contribuye a moderar la temperatura del organismo. Una persona puede sobrevivir sin alimentos aproximadamente un mes, pero sin agua fallecería al cabo de unos días.
Siendo el agua uno de los principales vectores de transmisión de enfermedades infecciosas, la situación es preocupante donde no hay suficiente racionalización de los recursos hídricos y donde la infraestructura sanitaria es deficiente. Se estima que el 70% de las enfermedades en la población se deben a la mala calidad del agua para el consumo humano.
Entonces, su tratamiento, así como de las aguas residuales, la aplicación de normas, los buenos hábitos de salud y la información a las personas contribuirán a la prevención y a la eliminación de enfermedades, tales como el cólera, la tifoidea, la disentería y la hepatitis viral.
Un problema de relevancia, es la contaminación del agua. Los efectos de la industrialización, la minería, son las principales causas, porque las empresas se deshacen de sus residuos, llevándolos a los ríos que terminan en los lagos o en los océanos o en los mares. Otra actividad que tiene efecto sobre la calidad del agua, son los desechos de origen domestico. También las actividades agropecuarias conllevan a la contaminación del agua, con los desechos de la crianza de porcinos, equinos, etc. que son llevados a los ríos.
Entonces el reto es para los técnicos, ingenieros sanitarios, ambientalistas, las organizaciones inmersas en esta problemática, para que analicen, propongan y actúen eficientemente con énfasis (estudios, información, estadísticas) al desarrollo sostenible de la población.
Mientras tanto para “reciclar nuestra sed”, tomemos un vaso con agua a la salud de nuestro progreso, bienestar, avance, desarrollo ascendente,… y que no se quede como de costumbre en estudios y promesas.
Por: Guillermo Silva Rodríguez
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