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Editorial » 30/ene/2010 » 3 vista
Según la Secretaria Técnica de la Comisión Interministerial de Asuntos Sociales, Virginia Borra: la desnutrición infantil en el Perú volvió a bajar de cerca de 23 por ciento en 2008 a 18.3 por ciento en 2009. Este logro significativo se debe al concurso de diversas instituciones públicas que realizan una esforzada lucha contra la pobreza y buscan cumplir los Objetivos del Milenio, los lineamientos del Acuerdo Nacional y las políticas de salud del Gobierno. Si bien es cierto que existe un evidente descenso en estas cifras que radiografían una realidad, aún hay mucho camino por recorrer.
Cajamarca es una ciudad que ha mantenido, pese a los esfuerzos hechos por el gobierno y por instituciones privadas, un alto índice de desnutrición infantil, prueba de ellos son las comunidades andinas de Cutervo, Hualgayoc y algunas de San Marcos y Cajabamaba con mayor incidencia.
No es una tarea fácil. Debemos recordar que por diversas circunstancias venimos arrastrando un preocupante déficit durante décadas. Sin embargo, el objetivo de organismos gubernamentales como el CIAS es continuar con esa reducción en un próximo paso a 16.4 por ciento. La desnutrición es la más común de las enfermedades y sus causas en la generalidad de los casos se debe a deficientes recursos económicos o enfermedades que comprometen el buen estado nutricional.
Informes de Unicef señalan que la desnutrición es la principal causa de muerte de lactantes y niños pequeños en países en desarrollo, por eso es prioritaria la prevención, tarea que compromete no solo a las entidades públicas sino también a organismos particulares. Como refieren los especialistas, puede ser lo suficientemente leve como para no presentar síntomas o tan grave que el daño ocasionado a los infantes sea irreversible.
Desde la gestación y en los tres primeros años de vida, la desnutrición crónica y la anemia afectan de manera irreversible la capacidad física, intelectual, emocional y social de los niños, pero al mismo tiempo genera un mayor riesgo de contraer enfermedades por infecciones. Las consecuencias se reflejan en la menor capacidad de aprendizaje en la etapa escolar y su posterior limitación de las capacidades física e intelectuales cuando ya es adulto. Por eso, más allá de las cuestiones numéricas del problema, debemos ver el aspecto humano. Hay que evitar la desnutrición de los niños para que en el futuro aquél no sea un adulto con limitadas capacidades físicas e intelectuales cuando quiera insertarse en la vida laboral y productiva.
Esta es una noble misión en la que están involucrados el Estado, la sociedad civil y la comunidad internacional para dar una respuesta articulada y multisectorial, con estrategias integrales que enfrenten todas las causas del mal. La meta de los peruanos debe ser convertirnos en un país sin desnutrición infantil alguna. Ya estamos dando esos primeros pasos, esperemos que en corto tiempo podamos alcanzar nuestra meta.
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