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Editorial » 16/oct/2009 » 8 vista
Hoy se eligen a los miembros de mesa para el proceso de elecciones complementarias y consulta popular de revocatoria. Setenta y cinco mil seiscientos cincuenta y nueve electores cajamarquinos acudirán a las urnas este veintinueve de noviembre. Distritos como Jesús, Cachachi, La Libertad de Pallán, Niepos, San Gregorio, Unión Agua Blanca, Bolívar, San Bernardino. Cortegana, Utco, Chadín, La Florida y San Silvestre de Pallán participarán del proceso de consulta popular de revocatoria de autoridades.
El proceso de consulta popular de revocatoria no es otra cosa que el fiel reflejo de que los peruanos no sabemos elegir apropiadamente a nuestros representantes, que elegimos sin criterio y en poco tiempo estamos arrepentidos porque fuimos timados por el discurso bonito o la propaganda mediática, porque no hay alcalde que al final de su gestión acabe con una decena de juicios ni tampoco existe alcalde que una vez concluido su periodo no quiera volver a participar, atornillarse en el sillón municipal con el consabido pretexto de que falta tiempo para concluir las obras que inició.
Es en esa época que nos acercamos a los descuentos para concluir los periodos de gobierno municipales en que los alcaldes tienen un súbito acceso de querer hacer obras de magnitud, para que llegado el silbatazo final de su gestión busquen la reelección con el pretexto de que les ha faltado tiempo para concluir las iniciadas que de no ser reelegidos quedarían truncas. Esa actitud ladina es poco honesta, es muy deshonesta.
Los procesos de revocatoria le cuestan al Estado millones de soles que bien pueden ser utilizados en obras, en combatir la pobreza en los distritos más pobres de nuestra región o en proyectos de electrificación, agua potable o desagüe que tanta falta le hacen al país. Sin embargo nuestra desidia al elegir a nuestros representantes ocasiona este tipo de problemas que solo nos conducen al atraso.
La propuesta del voto electoral voluntario es innovadora y lo más indicado para sociedades como la nuestra, en donde las masas de la población votan por el hecho de ser un acto imperativo que de no cumplirse restringe y hasta mutila los derechos civiles de los ciudadanos. Ante esa masa desorientada e insegura los políticos aprovechan y hacen una ganancia de pescadores en el río revuelto de los electores. Las campañas proselitistas se tornan entonces en trueques con comestibles, lápices, cuadernos y toda clase de productos con tal de conseguir el tan ansiado voto que lleva al político a su asiento municipal y deja de lado al ciudadano.
“Más me pegas, más te quiero” reza el dicho popular y parece que en la política no puede ajustarse mejor. Tenemos una sociedad aún insipiente que siempre va a ser aprovechada por los políticos mientras no hagamos una verdadera reflexión sobre a dónde queremos ir.
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