Yo ÑO CARNAVALÓN, el rey de la farra, de la parranda, la juerga, el buen humor, el gozo y el alborozo; el men del trago y la comilona, de la seducción, el chape y la lujuria; luego de haber llegado para abrazarme a mi linda gente, cantar las pícaras coplas, despacharme el riquísimo shambarito, el frito, el cuy con picante, el pan con rocoto, el choclo con queso, la papa sancochada con huacatay, la humita calientita, la cecinita con huevo, añañau mi sancochau y tantas otras delicias que me hicieron babear y anudarme las tripas; yo que había venido para tomar cuatro días mi chicha de jora en poto voluminoso, mi cañacito en cacho, mi cerveza a pico de botella; bailar hasta quebrarme la cintura; y después de acostarme con tanta china, me he quedado agotado hasta la pezuña y enfermo hasta el tuétano, invadido de la intoxicación y la infección al hígado, al páncreas, a las vías biliares, al estómago, a los intestinos, a los riñones y al pororoco; ya no tengo defensas en la sangre; y sintiendo ya muy cerca a la pelona, huesuda, que me jala y me jala al hueco sin importarle que mi gente sufra por la inevitable partida; y antes de que la condenada, acompañada del shapingo lucifer, cumpla con su propósito en el momento, quiero hacer mi testamento, mi última voluntad de este año. Leer todo