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Cultura » 13/ene/2010 » 19 vista
Siempre llamó la atención de propios y extraños, por su enigmática construcción. Esta Capilla, se encuentra actualmente ubicada entre los jirones de Amalia Puga y El Batán, adosada a la Iglesia La Catedral, y sin embargo, poco se conoce de su historia.
Gracias a las serias investigaciones del Dr. Horacio Villanueva Urteaga, sabemos que en el área donde se levanta este bello monumento arquitectónico, existió una pequeña Capilla de adobes, edificada posiblemente en la última década del siglo XVII y dedicada al culto de la Virgen de la Aurora, imagen que fue obsequiada por el presbítero José Céspedes Prieto el 17 de febrero de 1697. Sin embargo, al transcurrir los años, parece que el culto a la Virgen de la Aurora fue decayendo, aunque sus devotos no habían desaparecido.
Posteriormente, la Capilla sufrió serios deterioros por lo precario de su construcción, motivo por el cual, vecinos notables de la ciudad decidieron demolerla y remplazarla por una nueva de cantería. Aprovechando esta situación y el momento oportuno, algunos vecinos de Cajamarca como el General Baltazar Caballero, el General Mateo Apaéstegui, el Capitán Bartolomé Ortiz Enriquez, el Alférez Alfonzo Vásquez de Ortega, Juan Antonio de Aldalar y Nicolás Cruzado Caballero, pretendieron entronizar en la nueva Capilla a la Virgen de la Soledad. Con la colocación de esta imagen significaba el retiro forzoso de la Virgen de la Aurora, sus antiguos devotos reclamaron del despojo que pretendían inferirles, por lo que se inició un caluroso pleito entre ambos grupos, ante el Cabildo Eclesiástico de Trujillo.
Finalmente, el pleito terminó favoreciendo a los devotos de la Virgen de la Aurora, quienes para evitar posibles y futuros problemas, resolvieron renunciar a sus derechos a favor de los devotos de la Virgen de la Soledad. Dicen los antiguos pobladores de Cajamarca, y así lo atestigua la tradición, que la generosa decisión de los ganadores del pleito se debió a una misteriosa aparición nocturna de la Virgen de la Aurora, que fue presenciada por una niña. La visión fue casi instantánea, dejó paralizada a Candicha -así se llamaba la niña- y a su madre. Ambas quedaron postradas de hinojo en místico arrobamiento, hasta que al día siguiente fueron auxiliadas por los vecinos del lugar.
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