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Cantares de mujer » 26/ene/2010 » 8 vista
Estamos camino a Chota, se pierde a ratos, en la maroma nubosa de mi llanto, “Maita”. Hacen más de cincuenta años estuve adosado a tus entrañas, evaporándome en el humo inigualable de tu ternura. Esa que me formó los huesos húmeros y el cráneo a tu manera. Ahora caminando hacia esa vegetación con la que fuiste armando la casa de tus amores con él.
Don Berbardino te conoció bajando una mañana de Chota, cuando tus ojos eran dos luceros tremendos. Incendiáronse sus ojos en tus ojos, su voz, en tu voz. Amalgamáronse sus vertientes. Sus raíces y las tuyas. Vertió sus semillas en tus entrañas, formaron los hijos y las hijas. De una pequeña luz nos fuimos haciendo grandes. Tus heredades cajabambinas, fueron olvidando los tramos de valles primigenios. Cual sería tu amor que te fuiste armando de la arcilla olorosa de los puquiales, de las junturas, de la cintura de lajas apretadas al amanecer y, entonces te fuiste diluyendo en las aguas persistentes del Condac. Catarata que revive tu recuerdo. Te diluyes hoy en el agua de esa maravillosa vertiente que alimentó la cueva prodigiosa de tu vientre. Te confabulabas con nuestra Madre, Patrona del Pueblo, María, la Virgen María heredando su nombre. Desde entonces fuiste nuestra “Maite”. María de todos nosotros. Temperatura de paciente espera. Guardabas tus besos en esa bella caja de nunca acabar. Entonces fueron alcanzando para todos los hijos, para todos los nietos, para los amigos que siempre recibieron de ti buen trato, exquisita comida, mullido descanso para emprender el regreso.
Hoy te llevamos en silencio, entre las ruedas que giran en los siglos, camino al infinito, rodando por las cuestas, subiendo las pendientes. El ichu de la jalca reza en silencio su oración desnuda, igual que mi llanto detenido no sé dónde. La caravana musita una y otra vez tu nombre prendido de la jalca, rumiando al borde del camino, los secretos, la memoria… Avanzando hacia la tierra donde descansa tu amor empedernido, aquél hombre inmenso que dibujo tus entrañas tantas veces, desollando su aliento en tu boca fresca. Te amó cada día, cada noche, ganando tu cuerpo tu alma que desde el viernes, descansan ya entre sus brazos. Voy escribiendo tu nombre entre los cerros que cruzamos a galope, entre el pajonal que canta con el viento, entre las aguas de los ríos que cruzamos con el vaporcito tierno de tus alegrías y penas encajonadas.
Queríamos que no te fueras nunca, por eso planeamos, después de muchas dudas, la explosión de químicos en tu vientre, en tus entrañas, en tu mundo entero. Dijiste NO, con hidalguía, aquella tarde en que tu corazón decidió el encuentro final con el hombre de tu costado eterno. No hubieses podido soportar el brutal choque de la ciencia con la ternura infinita de tu sangre. En un instante colapsaron los caminos diminutos de tus venas y paró el reloj de su tictac hambriento de calma, de paz para tus huesos amados. ¡ Era hora de partir!
Tal vez hubiese sido mejor que tus ojitos se cerraran en el patio delantero de nuestra Chota amada, pero somos humanos madre nuestra, queríamos alargar, como sea, tu estancia entre nosotros. Aún guardamos el plato de arroz y de lentejas para más tardecito cuando el hambre de nosotros te traiga entre las aguas del Chotano, bebiendo juntos la tarde aquella que te alejó de nosotros. Eras una mata de flores, que nunca dejaba de florecer; a esta hora de tu adiós son muchas las flores en la partida hacia Dios. Cada flor una alegría tuya, herencia de tu gran fervor. Las llevamos contigo para aromar el camino, el callar repentino de tu corazón. Cada flor volverá a perfumar nuestros caminos, de ese “amor eterno” que cantaban en coro durante la misa. Será calma a la hora del cansancio, redención del segundo en que te fuiste, huyendo de ese dolor amargo que dicen cura las heridas de la enfermedad letal. Te fuiste caminando, con tus propios pasos, encendiendo recuerdos en todas las distancias, avanzando hacia ese mundo desconocido donde te espera ese amor eterno, de tu eterna vida entre nosotros. Me dejas siempre, bien recomendado a don Alindor y a doña Carmen, en cuya casa, tantos años escondí mi juventud revolucionaria y mis sueños.
“En la historia pre incaica de Chota se nota con bastante precisión influencia Chavín primero y Mochica después, Cabello de Balboa en su “Miscelánea Austral” cita a Naylamp, calificado como “Hombre de gran talento y gran valor”, y a su dios Chota, con expresa mención de la meseta Acunta y a uno de sus descendientes que llevó también este nombre. En esas condiciones de pueblo rebelde y desordenado lo encuentra la conquista española.
Durante la guerra con Chile, después de la batalla de San Pablo, ingresaron los araucanos a Chota, el pueblo decidió envenenar las aguas del Colpamayo, los chilenos ordenaron el incendio de Chota, El 29 de agosto de 1882, la ciudad de chota fue incendiada por las tropas Chilenas y en represalia por la derrota que sufrieron en San Pablo y al considerarla como el cuartel del norte.
miles de casas cayeron, la iglesia también fue incendiada, salvándose milagrosamente la bella Imagen de la Patrona, María Inmaculada, con sus valiosas joyas y vestimenta,
La ciudad de Chota se remonta a la época Pre Incaica, e Incaica, perteneció al corregimiento de los Huambos en 1777, fue fundado el 1° de noviembre de 1559 y se reconocía con el nombre de “Todos los Santos”. La proclamación de la independencia de Chota, fue el 12 de enero de 1821, por el alcalde Sr. Inocencio Consan chiflón, en febrero 06 de 1821, recibe el nombre de provincia según el señor Horacio Villanueva en el estatuto provisional dado por Don José de San Martín durante el protectorado”.
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