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Opinión » 24/oct/2009 » 3 vista
La congresista Mercedes Cabanillas acaba de presentar, desde su presidencia de la comisión de Constitución, un proyecto que busca, entre otras cosas, limitar el número de participantes en las elecciones del 2011. Dos recortes: pasar de 1% a 2.5% de votantes 2006 el requisito de firmas para inscripción en la ONPE, y haber participado en elecciones locales para competir en las nacionales.
Comprensiblemente, las agrupaciones en formación han tomado el súbito proyecto modificatorio como un bloqueo a sus aspiraciones. Como el papel no trae considerandos, no hay forma de entender por qué de pronto Cabanillas desea elevar la valla para competir en el 2011. No podemos imaginar que se desee simplemente favorecer a las agrupaciones que ya están instaladas en la ONPE.
Circula desde hace un tiempo un par de argumentos en torno de esto. Uno es que aumentar las exigencias para la participación electoral mejora la calidad de los grupos participantes, y por extensión la de las personas mismas. El otro es que la dispersión electoral es de por sí negativa para el proceso democrático, y que por lo tanto es mejor tener menos partidos que más en el Congreso.
Ninguno de los dos se ha demostrado. En estos decenios la valla de las firmas requeridas ha sido elevada y reducida al gusto del poder, y el quantum de calidad de los partidos políticos no se ha modificado realmente. Que se sepa, ni siquiera las exigencias de más locales partidarios o cuentas claras han producido una diferencia. El secreto de la calidad total parece estar en otra parte.
La valla porcentual para reducir el número de partidos en el Congreso tuvo su oportunidad en el 2006. Más allá de dejar fuera algunas voces minoritarias, inesperadas y heterodoxas, no ha dejado sentir sus efectos. El principal partido (PNP) rápidamente se partió en dos, y luego en más grupos. El nivel del debate no mejoró visiblemente, y la calidad de la oferta se volvió más cuestionable. La solución no estaba por allí.
Volviendo al proyecto de Cabanillas, no se entiende cuál podría ser el interés por reducir el número de agrupaciones que se ubiquen sobre el partidor del 2011. Sobre todo cuando la campaña electoral y la votación misma constituyen procesos de selección natural, digamos, que reducen el gran número de aspirantes a un pequeño grupo de favorecidos por la atención de los medios y las encuestas.
Sería lamentable que estuviéramos asistiendo al inicio de un nuevo proceso de manipulación de las condiciones de la participación electoral, tal como la vimos en los aciagos años 90. Tal vez se necesita algunos cambios. Pero estos no deberían surgir de artículos sustitutorios sorpresa, sino de un debate dentro y fuera del Congreso. Este es el momento de proponerlos.
Por: Mirko Lauer
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