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Perú » 13/ago/2009 » 12 vista
Se requiere reducir el azufre de las gasolinas en el menor tiempo posible antes de que se continúe causando más perjuicio en la salud de las personas (4,500 muertes al año) y más contaminación del medio ambiente.
Por otro lado, la Sunat no debería estimular el consumo del diésel. A este combustible podría aumentársele el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) y reducirlo en el caso de hidrocarburos más limpios.
Estudios médicos dan la alarma
El Perú ocupa el primer lugar en América Latina en el tema del asma infantil, enfermedad muy relacionada con la contaminación del aire. Lima, en particular, es una ciudad que ha rebasado todos los límites de tolerancia y se ha convertido en la capital más contaminada del continente superando inclusive a México D.F. y a Santiago de Chile.
En los últimos dos años, más del 10% de las hospitalizaciones se debieron a la contaminación del aire. Pero también cada año aumenta el gasto de la población en este tipo de hospitalizaciones, precisamente por efecto del incremento de las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, atribuibles a la contaminación del aire por plomo y azufre. Sólo en el caso de Lima, el monto supera los tres millones y medio de dólares. Incluso los resfríos de hoy, frecuentes en la estación invernal, se hacen más peligrosos, crónicos y hasta letales si a la humedad limeña se le agrega la polución generada fundamentalmente por el parque automotor capitalino.Cabe indicar, en un escenario conservador, que más del 12% de muertes prematuras que anualmente se producen en Lima y en las principales ciudades del Perú, son atribuibles a la contaminación del aire por partículas en suspensión como el azufre y plomo que emanan de los vehículos con motores diésel 2 (petróleo) o gasolineros de 84 octanos.
En total al año en nuestro país, como resultado de la contaminación, mueren más de 4,500 personas
Azufre deteriora los vehículos
Un diésel con alto contenido de azufre no permite una adecuada lubricación del sistema de inyección en el motor del vehículo, lo que causa el desgaste prematuro de sus piezas y su mal funcionamiento. Todo esto conlleva a la vez mayor consumo de combustible y, con ello, más gasto para el automovilista; y peor aún cuando el conductor termina generando mayor contaminación que enfermará a más personas.
Además, el desgaste del aceite afecta a ciertas partes como los metales de bancada y de biela, al árbol de levas, los piñones, engranajes, entre otros. Más azufre, en suma, facilita la pérdida de compresión y potencia en el motor del vehículo.
Asimismo, el acido sulfúrico (H2SO4) y el dióxido de azufre (SO2), que se forma en los vehículos, ocasiona que todo el sistema de evacuación de gases se desgaste por corrosión, a contrapelo de anular el funcionamiento del filtro y del catalizador. Por ejemplo, dada la cantidad de autos livianos petroleros (diésel) de segunda mano, “combis” y “coasters”, estas unidades resultan ser muchas de las viejas máquinas que se ven como cafeteras en las calles del país y son las que de inmediato deberían ser los primeros sacrificados con el llamado “bono del chatarreo” (programa gubernamental que cuenta con el aval de decretos supremos que no se han venido cumpliendo eficientemente).
Y por si fuera poco, el alto nivel de azufre en los combustibles impide la importación de automóviles con tecnología limpia, pues los autos fabricados de acuerdo a las normas Euro II, en adelante, no pueden funcionar con tan mala calidad de combustibles que hay en nuestro mercado interno. Entonces no existe concordancia entre la calidad de los combustibles permitidos en el país y las normas dadas por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC). Y en medio de todas estas descoordinaciones, las personas y el medio ambiente sufren los embates de la contaminación. Peor cuando existe un Ministerio del Ambiente que está pintado en la pared.
Derechos de los consumidores vulnerados
Nuestro país cuenta con una legislación de protección de defensa de los derechos de los consumidores, en este caso de los automovilistas, pero estos derechos estarían siendo vulnerados por la venta de combustibles con alto contenido de azufre, sencillamente porque: Los consumidores no tenemos opción en todos los grifos para consumir un combustible de mejor calidad; y no somos informados adecuadamente sobre la calidad de los combustibles que consumimos ni sobre el daño que ocasionan a nuestros vehículos y a la salud.
–¿SUNAT estimula el consumo de combustible sucio?
En nuestro país se aplica una política tributaria en la que los combustibles más limpios subsidian a los más sucios. El costo de producción de las gasolinas de 90 y 84 octanos es menor que el del diésel. Sin embargo, los consumidores deben pagar más por ellas debido a los impuestos que le son aplicados.
Cabe la pregunta: ¿por qué los responsables de la política tributaria en el país no han avanzado con el llamado “criterio de nocividad” al momento de definir el ISC (impuesto selectivo al consumo) aplicado a los combustibles? Su más rápida aplicación permitiría que el ISC sea aplicado de acuerdo al impacto que las diferentes sustancias nocivas provocan en el ambiente y en la salud de las personas. De esta forma se aseguraría que no se estimule el consumo de los combustibles más sucios, ni que se castigue a los limpios y más ecológicos.
Si pagamos precios internacionales por los combustibles, en función de una economía de libre mercado, entonces ¿por qué la población debe afectar su salud y calidad de vida con un producto con alto contenido de azufre? Por supuesto que no queremos que se cierren las refinerías privadas que no han invertido lo suficiente para revertir esta triste realidad, sin embargo tampoco se puede aceptar un perjuicio contra el ciudadano y la sociedad en su conjunto.
PETROPERU produce por debajo de 2,500 ppm, gracias a la calidad del crudo de Talara, y las refinería privadas bien pueden importar el mejor crudo del mercado, vale decir el crudo de buena calidad, que es más o menos el 20% de la oferta mundial, en lugar de importar un crudo barato o sucio (hasta con 5,000 ppm), tal como ocurre hoy. Con ello se podría marcar un avance, es decir ir a 2,500 ppm para el diésel que se produce en el país, y dar un último y definitivo plazo para lograr la meta de 50 ppm (número idóneo para reducir drásticamente la contaminación).
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