Alanismo Pírrico
Publicado el 24 de mayo de 2010 a las 3:55 am | Comenta
Es conocido el concepto “victoria pírrica”. Hace referencia a aquellas victorias políticas o militares donde más es lo que se pierde que lo que se gana a pesar de haber triunfado en apariencia. La victoria se convierte dialécticamente en semilla de la futura derrota. Vayamos con un ejemplo histórico.
En la segunda guerra mundial, hacia Junio de 1941, la Alemania Nazi de Hitler invadió la Unión Soviética. Los alemanes obtuvieron fulminantes éxitos iniciales. En Diciembre de aquél año ya veían Moscú con sus ojos. Habían conquistado vastos territorios. Y con ello pusieron las bases de su derrota. Se alejaron de sus fuentes de abastecimiento, mientras los rusos estaban cerca de las suyas. En la retaguardia nazi estalló la acción de los partisanos (guerrilleros), que distraía tropas del frente. Por último, la cruenta resistencia rusa retrasó meses el avance alemán. Al llegar a Moscú, los nazis ya estaban con un crudo invierno sobre sí.
En Diciembre de 1941, los nazis son derrotados en Moscú. Vuelven a ser vencidos en Stalingrado y Kursk entre 1942 y 1943. Finalmente, en 1945, los rusos llegan hasta Alemania y ocupan Berlín. Las victorias nazis de 1941 fueron semilla de su derrota final. Un ejemplo claro de la dialéctica de la transmutación de contrarios.
En la política peruana, podemos referirnos a lo que ha significado Alan García para el APRA en los últimos 25 años. Con Alan el aprismo obtiene su mayores triunfos políticos: llegar al poder en 1985 y el 2006. Pero en ambas ocasiones fue más lo que perdió que lo que ganó. El período 1985 – 1990 habla por sí solo. Y el actual período iniciado el 2006 culmina con el partido afectado de impopularidad y una profunda gangrena moral (casos petroaudios, Jorge del Castillo y Omar Quesada).
Alan García parece ser una máquina retórico – electoral. Pero también es un ejemplo de nulidad e inconsecuencia ideológica y moral. Puede garantizar que su partido llegue al poder, pero no puede garantizar que la convicción ideológica se imponga a la gangrena de la imbecilidad moral (corrupción, arribismo y oportunismo). Tampoco puede garantizar un gobierno de cara a los intereses populares. El aprismo debe a Alan sus mayores triunfos pero también la mayor parte de sus pasivos y descrédito ante la historia. Las victorias que obtuvo Alan para el aprismo fueron auténticas victorias pírricas.
En la coyuntura electoral del 2006 llegué a la siguiente conclusión : lo mejor que le pudo pasar a Humala fue perder y lo peor que le pudo pasar a Alan y el APRA fue ganar. Estando afectado el aprismo de gangrena moral, eran previsibles los hechos de público conocimiento hoy. Sus éxitos fueron su perdición. Así fue, es y será la suerte aprista bajo el alanismo. Singular maldición.
MANUEL ERNESTO
NAVARRETE BAZÁN